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La educación popular y su propuesta


Esta sección es una síntesis del texto de Barquera (1986) referente a una revisión de los modelos y evolución de la investigación participativa. Se parte de la idea de que la investigación participativa surge de la “práctica de grupos comprometidos con el cambio social en su sentido más amplio”, más allá de planteamientos teóricos y metodológicos.

 

Los antecedentes directos surgen a principios de 1950 como producto de la necesidad y práctica de educar a los adultos marginados, sin pugnar por un cambio estructural, de acuerdo a las necesidades productivas del modelo económico prevaleciente basado en la sustitución de importaciones para la industrialización.

 

Durante los años sesenta el modelo económico se profundiza y también las desigualdades sociales. La migración de campesinos a las zonas industriales es cada vez más intensa y problemática, y las campañas de capacitación y apertura de escuelas es insuficiente. Se institucionaliza la educación de adultos y se multiplican la búsqueda de metodologías que “respondieran a la necesidad de los adultos y también del continente”.

 

En América Latina estos procesos son marcadamente notorios, y justamente desde aquí surge la investigación participativa, como un esfuerzo para que los “marginados” develen su propia realidad, a través de la participación en la investigación social, como herramienta para eliminar su marginalidad. Subyace en este esfuerzo la preocupación por contribuir desde las ciencias sociales a la transformación efectiva de su objeto de estudio: la sociedad.

 

La investigación participativa se define como “una metodología alternativa que para producir conocimientos”. Es metodología en tanto que propone “cómo hacer las cosas” desde su percepción particular. Es alternativa en varios sentidos: a) en contraste con la forma tradicional de proceder de las ciencias sociales donde los objetos de estudio no son activos, ahora estos “objetos” se consideran sujetos generadores de conocimiento. b) Se considera también que el investigador social “no puede no estar involucrado” y que al estudiar los fenómenos, los afecta. c) “La manera de conocer un fenómeno, depende del tipo de fenómeno” d) En tanto que permite integrar fuentes directas, desde los sujetos de la investigación, este enfoque se acerca más a la realidad.

 

En términos de acción social se dice que “la práctica de la IP (Investigación Participativa) no responde a una curiosidad intelectual, sino al propósito de transformar la realidad social”. En ese sentido la acción transformadora es un “aspecto integral que conforma ese mismo conocer y que le da posibilidades”. En tanto que la trasformación buscada responde a aspiraciones humanas, posee también un carácter ético. La IP fomenta entonces procesos de “calidad educadora de primer orden” cuyos elementos importantes son: la participación (vs. autoritarismo), la investigación (vs. lección) y la acción (vs. pasividad).

 

De acuerdo con Barquera (1986), las distintas modalidades de la IP son: investigación temática, investigación-acción, investigación militante y la investigación participativa como tal. Aunque existen interdependencias entre ellas, cada una es autónoma. Su aplicación depende en gran medida de las circunstancias y de los objetivos perseguidos.

 

Un autor emblemático de la investigación temática es Paulo Freire, cuyo trabajo a principios de los cincuenta, ligado con proyectos de desarrollo rural y reforma agraria, propone “captar el pensamiento de la comunidad respecto a su realidad objetiva y la percepción de la realidad” en “temas generadores” a través de un proceso de acompañamiento profesional para que por medio de continuos esquemas de reflexión y acción la comunidad mejore su nivel de información y movilización para superar la marginalidad. El objetivo entonces, no es una propuesta teórica sino la generación de acciones para el cambio social. Freire pretende superar de esta forma “dicotomía sujeto-objeto presentes en los procesos de investigación social y educación transformando a las comunidades en los actores de los procesos de investigación y partícipes directos en la gestión y desarrollo de su propia educación”. En este sentido el análisis del lenguaje de la comunidad es una herramienta esencial para este tipo de investigación.

 

La investigación-acción surge del campo de la sociología a finales de los sesenta encabezando el movimiento el colombiano Orlando Fals Borda, quien distingue en su teoría la “ciencia popular” (como el conocimiento empírico y práctico de las bases sociales heredadas de culturas ancestrales) de la “ciencia dominante” (la que posee los paradigmas convencionales de las ciencias sociales de la época). A partir de esta diferenciación propone la construcción de paradigmas alternativos construidos a través del acercamiento con “los sectores y sus organizaciones de base” (Fals, 1987).

 

De acuerdo con Barquera (1986), la práctica de la investigación participativa en América se agrupa en tres tipos: a) La investigación de la acción (carácter evaluativo). b) La investigación para la acción (que fundamenta la programación de acciones). c) La investigación en la acción (análisis de la realidad en base a experiencias concretas). Aunque también se busca explicar los procesos sociales desde la realidad concreta, no necesariamente requiere que la población participe en la investigación propiamente dicha. Desde el punto de vista teórico, este enfoque se inserta en la corriente “funcionalista-estructural que trabaja sobre modelos de conflictos y transformación de estructuras sociales”. Las características la investigación-acción son “el compromiso, el antidogmatismo, la devolución sistemática de la investigación, el equilibrio entre reflexión-acción, el uso de técnicas dialógicas e instrumentos modestos”.

 

La investigación militante por su parte, se propone también al igual que la investigación acción la solución de problemas concretos, pero “la militancia política de los investigadores constituye el elemento central de la propuesta metodológica”. Su objetivo central es que “los cuadros políticos implicados en un trabajo social vean con más claridad cuáles son las causas de los problemas para así poder derivar, con más elementos, las mejores acciones a realizar”. Este tipo de investigación, tampoco necesariamente requiere la participación activa de la población. Las cuatro etapas metodológicas propuestas son:

 

1) La inserción del investigador en la población.

2) La observación y el levantamiento de datos.

3) La sistematización e interpretación de los datos.

4) La comunicación de la investigación para su análisis crítico y la determinación de acciones.

 

La investigación participativa es resultado de más de 20 años de esfuerzos de trabajo teórico y de base en distintos países de América Latina y África principalmente. Es una combinación de “investigación, educación-aprendizaje y acción” con énfasis en la participación de los beneficiarios en la producción de conocimiento y la elaboración de la misma investigación. Entre sus criterios metodológicos se encuentran la sencillez de sus métodos, la economía de recursos, el aprovechamiento de trabajos realizados, etc.

 

Entre sus características destacan: el beneficio inmediato de la comunidad, privilegiar el trabajo con organizaciones, el involucramiento desde el principio de la comunidad, que el investigador profesional se limita a promover el proceso a través del diálogo y la participación de manera permanente. Es además una estrategia de concientización. Los investigadores locales (surgidos de las comunidades) tienen entre sus funciones “la definición de temas a investigar, la recolección de datos, la interpretación de los mismos, la identificación de recursos, la programación e implementación de las acciones y su evaluación”.

 

La IP surgió como una crítica a la investigación social “académica” inútil para la práctica popular y como una reacción a los enfoques de desarrollo intervencionistas fracasados (extensionismo rural por ejemplo). A pesar de la diversidad de concepciones y formas prácticas de la IP se pueden enunciar los siguientes rasgos mínimos:

 

1) El sujeto de la IP son los grupos populares organizados.

2) El objeto o tema general son los problemas (naturales y sociales) que hay que resolver para alcanzar la transformación social.

3) Los investigadores externos participan en calidad de “asesores metodológicos”.

4) El programa de investigación debe ser de preferencia generado por el grupo popular.

5) La metodología, el esquema de análisis y el tipo de datos requeridos, deben estar claramente comprendidos por el grupo.

6) El análisis, resultados y conclusiones deben ser ampliamente conocidos y discutidos antes de darles una forma final.

7) La IP acompaña acciones para la transformación social.

En cuanto a las limitaciones, se presentan algunas críticas que deben ser discutidas con mayor profundidad:

 

1) Falta de rigor de la investigación académica por su no neutralidad.

2) Falta de metodología precisa por el uso de diversos métodos.

3) Dejar al investigación como tal a favor del “activismo”.

4) Requiere más tiempo por su carácter participativo.

5) Que algunas veces, solo puede ver lo local y no lo nacional.

6) Que el agente externo condiciona la participación.

 

Las herramientas participativas están previstas para el uso de técnicos y promotores que tienen que trabajar directamente con la población, entre la cual generalmente hay muchos analfabetas.
Permiten también trabajar en base a la experiencia propia de la gente; los métodos participativos usan la visualización y la comunicación oral.

 

Las herramientas participativas están fundamentadas en el diálogo que debe respetar un principio fundamental: todos los participantes deben ser considerados como fuente de información y decisión para analizar los problemas y contribuir a soluciones a través de acciones de desarrollo. Todo el mundo, rico o pobre, con o sin educación formal, con o sin poder, debe merecer el mismo respeto y tener la misma posibilidad de expresar sus opiniones.

 

El papel del facilitador de los eventos, es de permitir la expresión de las diferentes formas de pensar, para que sean compartidas por todo, y ayudar a lograr consensos a la hora de tomar decisiones.

En definitiva, la participación no se debe limitar a unos eventos de consulta y planificación: para que el proceso sea llevado a cabo y con éxito, se debe crear una dinámica en la cual cambian los papeles respectivos del técnico o promotor-facilitador, y de los miembros de la comunidad.

 

En la actualidad, la relación tradicional, en el esquema “verticalista” de desarrollo, es caracterizada por el uso de métodos de investigación que “extraen” la información de la gente sin su participación consciente (muchas veces a través de cuestionarios formales) y sin consideración; sobre la base de estas informaciones se toman decisiones en las cuales la gente casi nunca tiene parte. Las instituciones y sus técnicos tienen problemas de comunicación con las comunidades, entre los cuales se destacan la falta de un lenguaje común, o que genera falta de confianza mutua. Entre muchas instituciones imperan los “celos” que impiden compartir la información y las ideas para dar un mejor servicio a la gente; con las comunidades, es aún más difícil compartir, porque muchas veces las informaciones no les llegan, o no tienen una forma que les sea accesible y comprensible.

 

El cambio a facilitador conlleva tres aspectos, que no pueden ser desligados: uso de métodos apropiados, un cambio de actitudes, y el intercambio de informaciones entre todos los actores.

Para que el técnico se transforme en facilitador de desarrollo, debe emprender estos tres cambios fundamentales. Esto es muy difícil, principalmente si el ambiente institucional no es favorable: sin embargo hay cada día más ejemplos de cambios sustanciales en la práctica de las instituciones de desarrollo, que tienen su origen en los esfuerzos exitosos de algunos profesionales conscientes y dedicados, que han logrado demostrar en su trabajo de todos los días, los potenciales de este “nuevo profesionalismo” (Geilfus, 2002)

 

En resumen, la IP es una metodología adecuada para impulsar el cambio tecnológico entre las comunidades y personas de más alta marginación. Pero para lograrlo es necesario tener un marco referencial que provea de los contenidos técnicos necesarios para la transformación y la innovación adecuada en el sector agrícola: la agroecología.

     
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